
Cómo preparar un examen: 7 estrategias de estudio basadas en la ciencia
¿Tu hijo dedica horas a estudiar, pero después no consigue demostrar todo lo que sabe en el examen?
Es una situación habitual. Pasa la tarde leyendo, subrayando o repasando sus apuntes y, cuando le preguntas, asegura que ya se lo sabe. Sin embargo, al enfrentarse a las preguntas del examen, aparecen las dudas y los olvidos.
Esto ocurre, en parte, porque estudiar no siempre es lo mismo que aprender.
Reconocer una explicación mientras tenemos el libro delante puede hacernos creer que dominamos el contenido. Pero la verdadera prueba llega cuando necesitamos recordarlo, explicarlo o utilizarlo sin ayuda.
La psicología del aprendizaje lleva décadas investigando qué estrategias favorecen la comprensión y la memoria. Y algunas de sus conclusiones pueden ayudarnos a mejorar los hábitos de estudio de nuestros hijos.
Te explicamos siete estrategias para preparar los exámenes de una manera más eficaz.
1. Planificar el estudio antes de empezar
Una buena preparación comienza antes de abrir el libro.
Saber qué contenidos entran en el examen, cuánto tiempo queda y qué temas necesitan más atención permite organizar el trabajo y evitar que todo se acumule para el último día.
¿Cómo ayudarle?
- Revisad juntos la fecha y los contenidos del examen.
- Haced una lista de los temas que debe preparar.
- Identificad cuáles domina y cuáles le resultan más difíciles.
- Repartid las tareas entre los días disponibles.
- Reservad tiempo para practicar y repasar.
Es importante que el plan sea realista. Una planificación demasiado exigente puede terminar abandonándose al segundo día.
Un consejo: en lugar de escribir «estudiar Ciencias», concretad la tarea: «Repasar los estados de la materia y responder cinco preguntas sin mirar».
Así será más fácil comprobar si ha avanzado.
2. Distribuir el estudio en varios días
Cuando se acerca un examen, es habitual intentar aprender todo el temario en una sola tarde.
El problema es que concentrar muchas horas de estudio en un único día no suele favorecer la retención a largo plazo tanto como repartir la práctica entre varias sesiones.
La práctica distribuida consiste precisamente en estudiar un contenido, dejar pasar un tiempo y volver a trabajarlo.
Por ejemplo, si el examen es el viernes, puede resultar más útil estudiar y practicar durante varios días que dedicar toda la tarde del jueves a releer los apuntes.
Esta estrategia es una de las que cuentan con mayor respaldo en la investigación sobre técnicas de aprendizaje.
¿Cómo aplicarla en casa?
Después de trabajar un tema, programad un pequeño repaso otro día. Lo importante no es repetirlo todo desde el principio, sino comprobar qué recuerda y qué necesita reforzar.
3. Intentar recordar sin mirar los apuntes
Esta es una de las estrategias más importantes.
Leer varias veces una explicación puede producir una sensación de familiaridad: el contenido nos resulta conocido y creemos que ya lo hemos aprendido.
Pero reconocer información no es lo mismo que poder recuperarla de la memoria.
La práctica de recuperación consiste en intentar recordar lo estudiado sin consultar el libro o los apuntes.
Podemos hacerlo de distintas formas:
- Responder preguntas sobre el tema.
- Escribir las ideas principales de memoria.
- Utilizar tarjetas con preguntas y respuestas.
- Completar un esquema sin mirar el original.
Después hay que comprobar las respuestas, corregir los errores y volver a estudiar lo que todavía no se recuerda.
Prueba esto: cuando tu hijo termine un apartado, pídele que cierre el libro y te cuente tres cosas que haya aprendido.
No importa que al principio le cueste. Ese esfuerzo por recuperar la información forma parte de la práctica.
Eso sí, debe ir acompañado de una revisión posterior para evitar que los errores queden sin corregir.
4. Practicar con ejercicios y preguntas
Comprender una explicación es necesario, pero muchas veces no es suficiente para resolver un examen.
Un alumno puede entender perfectamente cómo se resuelve una ecuación cuando observa al profesor y, sin embargo, tener dificultades al intentar hacerla solo.
Por eso, es importante practicar de forma autónoma.
En Matemáticas, Física o Química, esto implica resolver ejercicios y problemas sin consultar continuamente el procedimiento.
En asignaturas como Historia, Biología o Lengua, puede consistir en responder preguntas, relacionar conceptos, analizar ejemplos o desarrollar explicaciones.
Una propuesta práctica: preparad un pequeño simulacro de examen con algunas preguntas o ejercicios.
El objetivo no es ponerle una nota, sino descubrir qué sabe hacer sin ayuda.
Después, revisad juntos las respuestas y utilizad los resultados para decidir qué necesita practicar.
Las pruebas de práctica no solo sirven para evaluar: también pueden ser una herramienta eficaz para aprender.
5. Explicar lo aprendido con palabras propias
Una buena manera de profundizar en la comprensión es intentar explicar lo estudiado.
Pero hay una diferencia importante entre repetir una definición de memoria y comprender lo que significa.
Cuando un alumno explica un concepto con sus propias palabras, pone ejemplos o relaciona ideas, puede detectar qué partes entiende y cuáles todavía le generan dudas.
Puedes hacerle preguntas como:
- ¿Por qué ocurre esto?
- ¿Cómo se lo explicarías a alguien que no lo ha estudiado?
- ¿Puedes ponerme un ejemplo?
- ¿Qué relación tiene con lo que aprendiste ayer?
Si no consigue responder, no significa necesariamente que no haya estudiado. Puede indicar que necesita revisar una explicación o trabajar mejor ese concepto.
Lo importante no es que repita el libro palabra por palabra, sino que sea capaz de comprender y utilizar lo aprendido.
Esta estrategia puede complementar las anteriores, especialmente cuando se combina con preguntas y comprobación de respuestas.
6. Revisar los errores y volver a practicar
Equivocarse mientras se estudia no tiene por qué ser algo negativo.
De hecho, los errores pueden ayudarnos a identificar qué necesita mejorar un alumno.
Pero cometer un error, por sí solo, no garantiza que aprendamos de él. Es necesario recibir una explicación adecuada, comprender qué ha fallado y tener la oportunidad de intentarlo de nuevo.
Después de realizar ejercicios o responder preguntas, podemos clasificar los contenidos en tres grupos:
Lo sé: puedo explicarlo o resolverlo sin ayuda.
Tengo dudas: lo entiendo parcialmente, pero necesito practicar más.
Todavía no lo entiendo: necesito otra explicación o empezar por un ejercicio más sencillo.
Esta clasificación permite dedicar más tiempo a lo que realmente necesita atención.
Un consejo: guardad algunos ejercicios que haya resuelto incorrectamente y proponedle volver a hacerlos unos días después, sin mirar la solución.
El objetivo no es repetir el error, sino comprobar que ha aprendido a resolverlo.
7. Respetar el descanso y las horas de sueño
Preparar bien un examen también significa llegar en condiciones de realizarlo.
El sueño desempeña un papel importante en distintos procesos relacionados con el aprendizaje y la consolidación de la memoria.
Por eso, sacrificar horas de descanso para estudiar hasta la madrugada no es una buena estrategia habitual.
Es preferible organizar el trabajo con antelación y reservar la víspera del examen para un repaso razonable, sin intentar aprender a última hora todo lo que ha quedado pendiente.
Además, conviene preparar el material necesario y mantener unos horarios de sueño adecuados a la edad.
Descansar no es perder tiempo de estudio. Es una parte importante del aprendizaje.
¿Y qué ocurre con los resúmenes, el subrayado y la relectura?
Son algunas de las técnicas más utilizadas por los estudiantes.
Subrayar puede ayudar a identificar ideas importantes. Hacer un resumen puede servir para organizar la información. Y releer puede ser útil cuando necesitamos aclarar algo que no hemos comprendido.
El problema aparece cuando estas actividades se convierten en la única forma de estudiar.
Las investigaciones sobre técnicas de aprendizaje muestran que la relectura y el subrayado, por sí solos, suelen ofrecer resultados menos consistentes que la práctica distribuida y las pruebas de recuperación.
Por eso, después de leer, subrayar o resumir, conviene dar un paso más:
Cerrar los apuntes y comprobar qué somos capaces de recordar, explicar o resolver.
Cómo ayudar a tu hijo a estudiar sin hacerlo por él
Las familias pueden desempeñar un papel importante en la adquisición de hábitos de estudio, especialmente durante Primaria y los primeros cursos de Secundaria.
Ayudar no significa sentarse a su lado durante horas ni recordarle constantemente que tiene que estudiar.
Podemos acompañarle de otras maneras: enseñándole a organizarse, ayudándole a dividir las tareas, haciéndole preguntas y animándole a revisar sus errores.
A medida que crezca, el objetivo será que vaya asumiendo progresivamente la responsabilidad de su aprendizaje.
Porque aprender a estudiar también forma parte de la educación.
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En Academia de 10, nuestro centro de refuerzo escolar en Zaragoza, sabemos que cada alumno tiene sus propias necesidades, dificultades y ritmo de aprendizaje.
Por eso, además de trabajar los contenidos de las asignaturas, prestamos atención a la organización, la comprensión y los hábitos de estudio.
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Fuentes y referencias científicas
Las recomendaciones de este artículo se basan en investigaciones sobre psicología del aprendizaje, memoria y técnicas de estudio. Estas son algunas de las principales fuentes consultadas:
Dunlosky, J., et al. (2013). Improving Students’ Learning With Effective Learning Techniques. Psychological Science in the Public Interest.
Revisión científica sobre la eficacia de distintas técnicas de estudio.
Agarwal, P. K., Nunes, L. D. y Blunt, J. R. (2021). Retrieval Practice Consistently Benefits Student Learning. Educational Psychology Review.
Revisión de investigaciones sobre los beneficios de recordar información y practicar con preguntas en contextos educativos.
Carpenter, S. K., Pan, S. C. y Butler, A. C. (2022). The Science of Effective Learning With Spacing and Retrieval Practice. Nature Reviews Psychology.
Revisión sobre la práctica distribuida y la recuperación activa como estrategias para favorecer el aprendizaje.
Mawson, R. D. y Kang, S. H. K. (2025). The Distributed Practice Effect on Classroom Learning: A Meta-Analytic Review of Applied Research. Behavioral Sciences.
Metaanálisis sobre los beneficios de distribuir el estudio en diferentes sesiones, basado en investigaciones realizadas en contextos educativos.

